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Posted on 2025-12-02 by Primal ※ on Share, Difusión, Share

VDD Invierno Delicates: Lo que nos puede decir un desayuno a las 7:00 AM

Y me senté en la balanza de los años y los días
y comprendí que la vida es algo más que añoranza,
y hoy amanecí más triste que un día de lluvia en la playa
y me pregunté a mí misma: “Dime, amiga, ¿qué te pasa?».

Canción con letra de Chelique Sarabia, interpretada por María Teresa Chacín | 1983

En este país, mi país, tu país… tu país eres tú mismo…

Canción escrita por Aldemaro Romero e interpretada por María Teresa Chacín | 1983

Había dejado de habitar el mundo con delicadeza. A veces pienso que nunca viví delicadamente. La
delicadeza es la atención a los detalles, el sentir lentamente. La delicadeza existe una vez se comprende la manera en que están compuestas las cosas que interactúan con nosotras y entre sí, para no violentarlas, violentarnos. Me ha costado saber cuándo detenerme ante algo que amo o, al menos, a ir más lento. Cuando era niña —“Eres un torbellino”— decía mi mamá. Pero en la infancia de una ciudad pequeña, incluso para un torbellino hay días delicados. Los recuerdo perfectamente.
Los extraño. Ahora vivimos aquí en la CDMX y los movimientos de esta ciudad tienen el ritmo de lo inmediato, siempre un “cómo llegar más rápido”. Así que su inmediatez es violenta y urgente. Nos golpea. Es dolorosa muchas veces.

No me percibía como una persona feliz. Se lo atribuyo a la rapidez con la que he vivido. Mi mirada rápida y fragmentada, con un movimiento ocular de unos ojos urbanos que no supieron mirar de otra forma la vida por años. ¿Cuántas cosas podemos registrar por segundo en esta ciudad, en esta época? Sacádicos uno tras otro, sin tener la opción de la mirada sostenida, continua sobre algo.
Mi búsqueda incesante de la felicidad es mi búsqueda incesante de la vida suave, lenta y nunca demasiado frágil: una vida delicada que he buscado, paradójicamente, con una intensidad voraz. Una vida que cada vez se me hacía más inaccesible dentro de mi país y aún más, una vez que partí de él,
en mi condición de migrante.

Estudiar, experimentar, ensayar y vivir los alimentos fuera de lo cotidiano han sido mi manera de aferrarme a la experiencia de la alegría. El lugar donde pude quedarme sin sentir que se me acababa el tiempo. En uno de mis libros base de consulta sobre este tema, La historia de la alimentación en Venezuela, de José Rafael Lovera, tengo anotado, sobre un post-it, en la última hoja del libro, una cita sin autor: “15. – Observar también es el camino más breve hacia la felicidad”. (Es de José Balza, Observaciones y aforismos, p.23)

Así, creyendo que en los alimentos sí podía detenerme, nació Conuco, proyecto en el que me era permitido observar y que me hizo creer en la ficción, de que tengo una tierra aquí, una tierra en la que tengo tiempo, tiempo para habitar espacios, tiempo para ir con nuestros libros, olvidando las distancias de la ciudad y trasladarme hasta la explanada de la iglesia en Cuajimalpa, y participar en un intercambio de semillas. Y fue justo allí que logré sostener la mirada, observar de manera prolongada las variedades de colores, tamaños, formas, texturas de cada semilla perfectamente organizadas en tubos de ensayo de vidrio con una tapita de madera, otras en unos pequeños envases circulares como muestras de laboratorio.
Pasé minutos y minutos observando el origen de la vida presentado de una manera tan diminuta, multiforme, monstruosa, conmovedora y punzante.
Saber que lo que me comía venía de aquello tan pequeño y era tan ajeno a mi visión del alimento.
¿Cuántas veces pensamos en la semilla de lo que nos comemos? ¿Cómo son? ¿Cuál es su forma?
¿Su color? ¿Sus hojas y flores? Esta imagen vacía y estruendosa, a la vez, apretó tanto adentro que
sentí una necesidad impostergable de ir al lugar donde estas semillas habían nacido, eran guardadas, cuidadas. Jamás había estado ante un acto de delicadeza tan grande como el de Jenny y Areli en su huerto y banco de semillas. Semillas que jamás habían tocado un químico, una tierra asesinada por fertilizantes, semillas que habían sido comprendidas en sus totalidad , por las manos de humanas, semillas tratadas de la forma más delicada.

Estoy siendo reiterativa con la delicadeza porque el desayuno se llama “delicatés”, palabra que además ni siquiera existe en el español occidental, pero que en Venezuela, o al menos así lo indica el diccionario de la Real Academia Española, y mi experiencia como nativa de territorio, es una
palabra que viene de delicatessen, adaptada en el español de Venezuela, un mal llamado venezolanismo, una palabra robada, convertida en un neologismo, nuestra palabra.

Y sí, me gusta haberle robado la delicadeza a las mesas de Occidente porque siempre pensé en la delicatés como algo ajeno y externo. Los alimentos delicados no podían ser de mi país, no podían ser latinos. Las delicateses eran los quesos madurados, los embutidos españoles e italianos. Crecí por años yendo a comprar delicateses importadas. No pude categorizar en mi infancia como delicatés los alimentos del huerto, ni los bollos de maya, ni el té de toronjil del jardín de mi nona. Nuestras cocinas, entendidas por años como un género menor, nunca habían sido percibidas como lo suficientemente delicadas. Y cuando la delicadeza viene del tercer mundo incomoda: solo nos es permitida la comida urgente. ¿Se nos ha dado permiso de lo delicado? ¿De que nuestra comida sea una delicatés?
¿Cómo había comprendido la delicadeza de nuestras mesas?

La familia de mi abuela materna es de Sabana Grande, un pueblo agrícola, y trabajar su cocina, o la cocina de su pequeño estado —Táchira— me ha enfrentado con que quizás allí dejé algo de lo que fue mi vida delicada, que me arrebató la urbe y, por eso, la búsqueda de su comida, de su despensa,
de sus costumbres. Una necesidad de volver a la raíz, la metáfora perfecta de lo delicado. Un crecimiento casi invisible, lento y silencioso.

Quiero acercar a los comensales a aquel territorio, bueno, al territorio que existe en mi imaginario.
Para ir allá, al origen de mi delicadeza perdida en Sabana Grande, en mi infancia, nos dispusimos a hacer una sucesión de gestos que intentaron ser delicados: sembrar frijoles, quelites, maíz, calabazas y amaranto del huerto Matlali de Arely y Jenny en el huerto de Primal; también enterrar allí las raíces de un cebollín que solo podíamos conseguir en el Mercado de Medellín, por evidentemente ser una demanda de los comensales suramericanos; experimentar con masa viva y fermentarla, hacer talvina, fermentar chiles en leche y finalmente hacer una delicatés que nunca había sido comprendida como tal: el chorizo caminero tachirense.

Querer hacer el chorizo caminero nos encaró para reconocer nuestra imposibilidad de ser lo suficientemente delicados para seguir cada uno de sus procesos. Aun así, saber que lo intentamos, que simular hacer un chorizo caminero, como aprendimos en Primal —su intento—, podría ser el camino que me llevara más cerca a habitar la vida con delicadeza. Y la habité.

Y sentarse aquí a comer un desayuno delicado, comer una delicatés y no una delicatessen, puede llevarnos juntos hacia donde va caminando la alegría, sin prisa, allá a lo lejos o aquí tan cerca.

Paisaje recreado: De Táchira a la Ciudad de México
El solsticio de invierno se acerca, y con él, nuestro esperado Viernes de Desayuno. Para esta edición, nos honra la presencia de Conuco.

La temperatura invernal de la Ciudad de México a las 7:00 AM nos invita a una experiencia única. A lo largo de la primavera, verano y otoño de este año, hemos dado vida a un simulador de paisaje andino, evocando los saberes de la región de Táchira, Venezuela a través de recetas. La estancia de Laura Linares en VDD ha intensificado los espacios del estudio de Primal, para imaginar un laboratorio que recrea y honra las recetas propuestas. A través de su proyecto Conuco* ha investigado y recolectado de la memoria de sus familiares y amigos una documentación de gran significado y valor no sólo para su propia cultura, sino observar una auténtica genealogía latinoamericanista. Vemos cómo las siembras previas de Lucía Álvarez** y el aprendizaje sobre la masa madre junto a Violeta Celis*** cuidaron y crearon las condiciones necesarias de la tierra para recibir plántulas de cebolla que Laura trajo a inicios de 2025, acrecentando una Genealogía del cuidado y la abundancia para Viernes de Desayuno.
De esta manera, las cosechas que degustaremos en este VDD de Invierno de 2025 son productos de un tiempo extenso de cuidados, de paciencia para obtener sabores, y de progresivas reuniones para tener el platillo que Laura imaginó. Este proceso reafirma una idea permanente en Primal: en la Ciudad de México, todo florece, solo es necesario permitir que semillas y esquejes encuentren su lugar y tomen su tiempo.

Crónica de un Cultivo Inesperado
Fuimos testigos de un vibrante ciclo, donde prosperaron y fracasaron ideas, sabores, fermentos y, sobre todo, cultivos. A pesar de toda la planificación, la tierra tuvo su propia voluntad, decidiendo hacer crecer cebollas venezolanas de manera espontánea, desviándose de la planificación y propuesta inicial de Conuco sobre sembrar amaranto. Sin embargo, no dudamos que las próximas estaciones traerán consigo una abundancia de amaranto en el huerto, tal como ha ocurrido con los exitosos cultivos de papa, challot y calabaza en previos Viernes de Desayunos.

Tradiciones compartidas
El próximo 19 de diciembre, dos días antes del solsticio de invierno en la Ciudad de México, vamos a saborear y a nutrirnos de lo que el tiempo y meticulosos cuidados humanos y no humanos han creado. Fueron dos equinoccios y un solsticio ensayando sabores, cuidando el fermento que asegura un buen pan, de encontrar el mejor proveedor de carne en los alrededores de Iztacalco, y de periodos de cuidado de una serie de hierbas que transformaran o intensifican la receta de charcutería que Laura Linares ha traído al estudio de Primal para compartir el esperado VDD.
Este desayuno es un acto de conexión profunda que va desde los ingredientes hasta la forma de cocinar, las historias familiares, las canciones y las tradiciones compartidas.
La cosecha y labores humanas delimitan el número de comensales, te invitamos a registrarte y contribuir para solventar una serie de recursos humanos y no humanos para llegar a este esperado Viernes de Desayuno.

*Librería y casa de estudios especializada en sistemas alimentarios y cultura gastronómica.
** Invitada Viernes de Desayuno. Estancia solsticio invierno 2024equinoccio primavera 2025
*** Invitada Viernes de Desayuno. Estancia equinoccio otoño 2024

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Juntarse para comer no se puede digitalizar”.
Byung-Chul Han

Abierto a todo el público previo registro

Cupo limitado a 20 personas, reserva con la aportación de inscripción

19 de diciembre 2025
7:00—9:00 hrs CST
Estudio de Primal

Reserva VDD 2025 Invierno

Reserva VDD 2025 Invierno + Cosecha 2025

Reserva VDD 2025 Invierno + Cosecha 2025 + Diccionario Gastronomico de Hongos Mexicanos + Fermento, Acervo Transdisicplinar de Primal

Solsticio de invierno 2025


Sobre Share: Viernes de Desayuno

Viernes de Desayuno es un proyecto de investigación artística de Primal, donde la cronología de labores de investigación y creación, es establecida por el ciclo estacional que se vive en el entorno natural y construido. Desde la luminosa primavera hasta el generoso invierno, Primal pone énfasis en el pensamiento profundo en torno a la energía, la economía y el alimento de nuestro tiempo y latitud geográfica. Viernes de Desayuno abre una ventana única de conocimiento en red en el amanecer del primer viernes de cada estación del año, —equinoccio (primavera y otoño) y solsticio (verano e invierno)—.

La existencia de un huerto en el estudio Primal provee de un laboratorio para generar conocimiento profundo sobre el tiempo y la vida en el espacio natural y construido. Explora el conocimiento sobre el origen, procesos, transformación, y energía de la naturaleza, así como sus representaciones y expresiones interculturales.

Primal abrió las puertas del estudio al Viernes de desayuno en 2015 con un planteamiento que nació de la observación y el trabajo en el espacio natural del estudio. El trabajo de la tierra y el horario matutino, fueron los aspectos que articularon una forma de poner sobre la mesa conversaciones sobre nuestro presente, la observación de la naturaleza en el contexto de la ciudad, y el comienzo de la jornada laboral.

Fijamos la disciplina de abrir cada viernes a las 7:00 AM ininterrumpidamente, lo cual remarcó una forma de trabajo habitual y compromiso: el cuidado de una hortaliza que garantizará que ofrecer a los visitantes, y la exploración de saborear lo que se sembraba en el jardín botánico del estudio. Esta práctica se entrelaza con las prácticas del estudio como la captación pluvial, la conformación de una biblioteca de semillas y la investigación artística, así como el conocimiento no académico sobre biología, economía, gastronomía o ingeniería.

Ahora interpretamos el desayuno como un acto humano que se repite cada que sale el Sol, y como el Sol, tiene una asociación a la energía. Por tanto, Viernes de Desayuno, al suceder al inicio de cada estación del año, nos permite pensar este acto matinal relacionado a la fenología y fenomenología desde el pensamiento artístico.